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Quiero enamorarme

-He decidido romper con todo -me dijo

-Romper con todo es bueno

-No estoy seguro

Para celebrarlo hizo una fiesta a la que invitó a todos sus amigos. Llegué y no había ningún conocido más allá de una chica que no recordaba mi cara, aunque yo sí la suya. Llevaba un bebé en brazos.

Unos minutos después apareció otra chica. Creí recordarla, pero tras hacer un recorrido rápido por el tiempo que pasamos juntos, no conseguí situarla en ningún lugar.

Continué degustando el vino que me habían servido y, mientras estaba charlando con un desconocido,  de profesión traductor, sobre la situación actual de los periodistas, la mano de mi amigo se posó en mi hombro. Acercándose por detrás a mi oído, en un susurro me dijo:

-¿Recuerdas a esa chica que me hizo tanto daño?

-Sí.

-Ahí está. ¡Pégale!

Claro, era ella. Tenía frente a mí, por primera vez, a la chica que le causó el daño que yo intenté curar unos años atrás sin demasiado éxito. La misma que le despertó unos sentimientos que yo intenté despertarle, también sin demasiado éxito. Estaba con su ahora marido.

-Quiero enamorarme -me dijo entre la algarabía de los invitados.

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Aniversarios

Tal día como hoy, hace nueve años, cuando se cumplían 37 de la muerte de John Steinbeck, envié un correo con el siguiente asunto: “Sin ánimo de recibir respuesta”. Al día siguiente, sobre las once de la mañana, creo recordar, llegó la respuesta bajo el asunto: “Con ánimo de contestar”.

Fue el primer punto de un textum con el que íbamos a tejer un lazo indestructible, pero todavía no lo sabíamos. Lo supimos once días después, un 31 de diciembre de 2005, alrededor de las ocho de la tarde. Sonaba Rusalka, de Dvořák.

Ya no hemos vuelto a ser los mismos.

Σ’αγαπο.

sagapo

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Aniversarios

Tal día como hoy, hace ocho años, envié un correo con el siguiente asunto: “Sin ánimo de recibir respuesta”. Al día siguiente llegó la respuesta bajo el asunto: “Con ánimo de contestar”.

Fue el primer punto de un textum con el que íbamos a tejer un lazo indestructible, pero todavía no lo sabíamos. Lo supimos once días después.

Ya no hemos vuelto a ser los mismos.

Σ’αγαπο.

sagapo

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Instrucciones para dar un abrazo

Notarás que quieres dar un abrazo cuando oigas que el corazón te hace pum pum, o notes un efecto Peta Zeta en el pecho; o simplemente brote de ti una onomatopeya en voz bajita.

Lo primero que tienes que hacer cuando eso ocurra es mirar a los ojos a la otra persona mientras te acercas. Probablemente notes que sus pupilas se dilatan y que la forma de sus ojos cambia conforme vaya ensanchándose su sonrisa.

En segundo lugar, cuando ya os hayáis entrelazado, cerciórate que su corazón está junto al tuyo y que las vibraciones de los latidos resuenan la una en la otra. Esto es muy importante porque, si prestas atención, podrás notar en tu pecho cómo el corazón del otro bombea sangre; cómo se alegra al verte; o cómo se calma cuando estás cerca…

Tercero: entretente acariciando a la otra persona. Pasa los dedos por su pelo, por su nuca… Puedes acariciarlo con los labios o con la punta de la nariz, mientras te llevas parte de su olor. También puedes variar la fuerza con la que lo abrazas o decirle algo bajito al oído.

Cuarto: Deja que vuestra respiración se convierta en una, que la vida entre al mismo tiempo en vuestros pulmones.

Quinto: No tengas prisa por terminar, no siempre se tiene un corazón bombeando tan cerca y no siempre sabes cuándo será la última vez.

Sexto: A estas alturas hará tiempo que has cerrado los ojos. Tienes que plantearte abrirlos y darle un beso.

Ilustración: Sara Herranz. @Sara_Herranz

Ilustración: @Sara_Herranz

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