Archivos Mensuales: diciembre 2015

La buena vida en 2016

Anoche me desperté dándole un beso en la nariz, me acurruqué y seguí durmiendo. Esta mañana me he puesto muy contenta al levantar la persiana y ver que el último día de 2015 traía niebla y lluvia. He intentado dibujar la cicatriz que tendré en unos días para hacerme a la idea (no creáis que termina de gustarme esta idea). He desayunado sentada en una encimera que todavía no sabemos si soporta mi peso, pero el caso es que todavía no se ha derrumbado. Me he limpiado la cara y he salido de casa sin maquillar, dándome cuenta en el ascensor que tenía mala cara, pero que a mis treinta y cuatro no tengo el cutis tan mal. Me he ido a la estación con el tiempo pegado porque había remoloneado durante mucho tiempo antes de levantarme y el desayuno había durado una hora. Una hora para una taza de café cortado.

He estado tarareando para mí, durante una hora y cuarenta y cinco minutos que ha durado el viaje en bus, “My way”, de Sinatra, que por cierto he bailado en dos ocasiones a lo largo de este año. Cuando he llegado a mi destino estaba esperándome mi hermano, que es la persona a la que más quiero en esta vida. En casa estaban mi madre, terminando de freír un huevo porque hoy tocaba arroz a la cubana y chorizo (en La Mancha todo lo completamos con un chorizo), y mi abuela. Anís me ha dado la bienvenida poniéndose boca arriba y arañándome las manos de arriba a abajo.

Nos hemos echado todos una siesta (mi padre también, que ha llegado tarde de trabajar). Anís se ha subido en mi cadera y, ahí acurrucados en la manta de coralina, nos hemos quedado fritos mientras sonaba de fondo un documental sobre una conspiración en Estados Unidos.

Y la buena vida es esto, queridos. Espero que 2016 me reserve muchos días así. Ahora os dejo, que me voy a ayudarle a mi madre a pelar langostinos.

FELIZ AÑO.

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Feliz No 150 Aniversario, pequeña Alice

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En realidad, el Señor Carroll se llamaba Charles Lutwidge Dodgson y era un tipo algo extraño. Miembro de una familia inglesa (con trazas irlandesas) volcada en la Iglesia y el Ejército, se educó en un ambiente de corte intelectual profundo y de normas rígidas.

Su conocimiento y pasión por fotografiar niñas pasaron inadvertidos en su día, aunque no tanto años más tarde cuando, ya convertido en un genio literario, se barajó la posibilidad de que su inclinación se debiera a alguna desviación sexual (algo que varios académicos han negado ya que, al parecer, en la época victoriana retratar niñas semidesnudas era símbolo de inocencia).

Sea como fuere, el Sr. Dodgson no se hizo inmortal por su maña fotográfica, con la que consiguió entrar en la alta sociedad, sino con Alice’s Adventures Under Ground, un cuento escrito e ilustrado durante una noche de verano de 1862 y donde reproducía la historia que ese mismo día había improvisado ante la pequeña Alice Liddell en una excursión por el Támesis.

Tres años más tarde, en 1865, Dodgson llevó el manuscrito y “manuilustrado” a una editorial y terminó publicándose bajo el título Alice’s Adventures in Wonderland, llegando hasta nuestros días.

 

Exposición en el Museo ABC

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Este año se cumple el 150 aniversario de su primera edición. A lo largo de estos meses he podido ver decenas de artículos que intentan bucear más allá de la historia; que analizan matemáticamente los renglones; que se basan en teorías neurológicas que ayudan a comprender las paradojas semánticas del texto, e incluso que ven en ella una crítica política atroz. También he visto exposiciones y ediciones especiales. Es más, Alicia ha protagonizado alguno de mis grupos de whatsapp y, en muchas ocasiones, me he sentido tan desconcertada como ella tomando té con la liebre y el Sombrerero Loco.

En los últimos años he leído teorías semióticas muy profundas sobre cada uno de los personajes; e incluso en la Universidad he descifrado subcódigos, paradojas, juegos de paralenguajes o elevaciones de niveles comunicativos que no han hecho más que llevar al cenit esta obra que, no sé si sí o si no (si en la locura o cordura del autor), fue concebida como una auténtica maravilla literaria.

Todo esto es para deciros que mañana, 17 de diciembre, el Museo ABC (Madrid), inaugura la exposición “Feliz no cumpleaños. 150 años en el País de las Maravillas”. Una exposición de corte ilustrativo en la que veremos trabajos de artistas como los que ilustran este post y que pertenecen a Benjamin Lacombe, Rébecca Dautremer, Ana Juan o Emilio Urberuaga,  entre otros. En ellos se recrearán las escenas y personajes más emblemáticos, e incluso nos mostrará qué opina la Reina de Corazones de todo esto.

Espero que no os la perdáis, no todos los años pasan estas cosas. Como diría el conejo: “¡Llegáis tarde!”.

Feliz No 150 Aniversario, pequeña Alice.

 

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El Día Mundial de las Píldoras Azules

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Hace algo menos de un año, unos diez meses, una amiga me regaló el cómic Píldoras Azules”, de Frederick Peeters. Traía una dedicatoria que no viene al caso, pero que me invitaba a no ser tan quisquillosa.

Mi intención era leerlo en una tarde de sofá, pero terminé devorándolo en una hora de una tarde en el sofá (también terminé llorando como una Magdalena).

No quiero contar nada sobre este cómic más allá de dar el título, recomendarlo fervientemente y decir que hoy, Día Mundial de la Lucha contra el SIDA, es un buen momento para llevarlo a vuestras estanterías.

 

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