Archivo de la etiqueta: Metro Madrid

La primavera

Luce un leve brote de acné en las mejillas, casi imperceptible. Probablemente para ella sea un mundo y por eso trate de cubrirlo con una fina capa de maquillaje. En su mandíbula derecha conserva un recuerdo de la varicela, una cicatriz redonda algo más pequeña que una lenteja, como un grano de quinoa ya cocido. Con ella ahí, tan graciosa, el resto de imperfecciones de su cutis adolescente pasan inadvertidas.

El pelo, castaño con ráfagas de rubio, le cae hasta más allá de la mitad de la espalda. Asalvajado, le recorre el torso, tapando con dos mechones sus dos pechos, y todavía le queda un tercer mechón que tapa casi toda su espalda.

Los ojos le brillan gracias a una sombra irisada de color perla y, aunque son pequeños e insulsos, adquieren profundidad con un khol verde agua. Cejas sin depilar y no demasiado abundantes; pelusilla rubia en el bigote y unos muslos firmes que se dejan asomar entre la goma de los calcetines verdes, que le acaricia las rodillas, y el bajo de las tablas que componen su falda de cuadros, cuya escasez de largura sobrepasa el umbral para quien mira de “solo es una falda”.

Las pulseras de plástico mezcladas con las de tela y un reloj le bullen a lo largo de las muñecas, que quedan al aire porque lleva el jersey del uniforme remangado. Y, mientras con una mano sostiene un libro de texto con el epígrafe ¿Qué es la Literatura?, con la otra lame, con más atención que la que le presta al texto, un chupa-chups de cereza del que me llega el olor; quizás grabando en su cerebro su sabor y su textura y, sin quizás, sabiéndose observada por unos cuantos.

Son las 18:02 h. del 20 de marzo de 2014. Ambas vamos en el mismo vagón de la L5 del Metro. Hace un calor sofocante y, acabo de darme cuenta de que, mientras yo, como una de los observadores, la miraba de reojo y anotaba su descripción en mi móvil, a las 17:57 h. ha entrado la primavera.

Etiquetado , , , , ,

#HistoriasDelMetro: Discusiones parejiles

Él llega al andén. Después entra ella flipando porque el tren del otro andén se escapa. Él está a por uvas. Ella hace ademanes de: “Pero no ves g…. que tenemos que ir al otro andén?”. Él sigue a por uvas. Ella lo mira con ojos de desquiciada, hace gestos para hacerle entrar en razón pero no lo consigue, así que se da media vuelta en plan Pimpinela. Sus destinos se separan.

pareja350

Él sigue en su andén, caminando, y me mira sabiendo que los he estado observando. Disimulo (la, la, la). Ella se va en sentido contrario, andando a paso pronto, y sube las escaleras como una carretilla. Segundos después, él se pierde entre la multitud que espera el metro en el andén. Miro frente a mí y espero a que ella baje las escaleras. Ahí está, en el andén de enfrente. Camina con el suficiente cabreo como para que le boten los pechos debajo de una camiseta de algodón de cuello a la caja y se le levanten los rizos. Mira de reojo al otro andén para ver si ve a su chico y, mientras lanza rayos láser por los ojos, se sienta de un bote en un banco, poniendo resolutivamente el bolso sobre sus rodillas y haciendo un gesto de fastidio. En ese momento pienso para mí: “Qué pereza las discusiones parejiles!”. Mientras, suena en mi móvil “Dejad que las niñas se acerquen a mí”, de Hombres G.

Etiquetado , , ,