Archivo de la etiqueta: El Principito

Hoy, Día Universal del Niño

Hace unos meses, un par con alguna semana, alguien me invitó a recordar capítulos de mi niñez. Cerré los ojos y pasaron por mi mente decenas de vivencias de mi infancia en las que no había vuelto a pensar nunca más.

De repente, me recordé preguntándole una mañana a mi madre de dónde venía. Me respondió: “Del médico”. Yo me asusté pero no había motivo. Estaba a punto de nacer mi hermano. No llegaba a los tres años y creo que es el primer recuerdo que tengo.

Me recordé meses después, en una salita, viendo cómo a mi madre se le escapaba un chorro de leche del pecho, algo que me pareció magia y que, a día de hoy, sigue pareciéndomelo.

También pasaron por mi mente esas tardes de primavera en las que me iba a merendar al campo, cuando todavía los niños vagaban solos, incluso en los pueblos. Recuerdo tumbarme a hurtadillas en los cebadales altos y verdes, mirar al cielo y verlo completamente azul, mientras estaba ahí, escondida y protegida por un fuerte de espigas.

Recordé uno de mis episodios favoritos: una tarde de verano me metí con mis amigos por las alcantarillas que había a un lado de la plaza del pueblo. Estaban convencidísimos de que podríamos salir al otro lado. Yo tenía mis dudas. Aun así, me apunté a la excursión, las recorrimos, y al llegar a nuestro destino nos encontramos con que el ayuntamiento había puesto una reja. No había salida.

-¿Dónde estamos? -pregunté a alguien que había fuera

-¡Estáis debajo de la estatua de Franco!

Comenzamos a gritar y salimos corriendo con el corazón en un puño, descorriendo lo andado y pensando, en mi caso, que no volvería a ver nunca más a mis padres ni a mi hermano. Era tan pequeña que podía correr por ese minúsculo túnel sin tener que agacharme. Ese día juré no volver a jugar más con chicos (algo que no lo cumplí, porque era con quienes me gustaba jugar). Cuando salí todos olíamos fatal. Por aquella época ya había dejado de disfrazarme de Superman, una de mis aficiones favoritas, y quería comer ratones como Diana, la de V.

Otro recuerdo imborrable de mi infancia son las palabras de mi madre cuando secuestraron a Melodie Nakachian: “Si ves una furgoneta con alguien que no conozcas, corre a casa”. Y eso hice en cuanto vi aparecer por la plaza la fugoneta de un señor del pueblo que nunca supo que hubo un día en el que creí que iba a ser mi secuestrador.

Durante el tiempo que estuve pensando en esos años pasaron por mi mente cientos de historias que tenía casi olvidadas y me prometí recordarlas de vez en cuando. Sobre todo ahora, cuando veo mi niñez como algo lejano, como algo que no forma parte de mi vida. Ahora que ya no me atrevo a ponerme una capa de Superman, aunque daría cualquier cosa por volver a hacerlo. Ahora que ya no pongo cucos debajo de la cama para que canten mientras duermo.

Hoy es el Día Universal del Niño, un día para recordar que quienes ya no somos niños tenemos la responsabilidad de hacer que sus infancias sean, por maravillosas, inolvidables.

principito2

Anuncios
Etiquetado , , , ,

Y la causalidad quiso que “El Principito”

Ayer quedé con unos amigos e hice mi plan favorito: pasear por la Cuesta Moyano en otoño y con sol. Hacía unos días que andaba revuelta con un libro, algo me decía que tenía que volver a tenerlo. Buscaba El Principito.

principito

El Principito sobre el asteroide B 612

Llegamos tarde, los libreros estaban recogiendo y las casetas 8 y 15, que eran las que podían tenerlo, ya estaban cerradas. Anduvimos de caseta en caseta, preguntando, pero nadie lo tenía. “En cuanto llega, vuela”, nos dijo uno de los libreros. Pensé que este no sería el día y que El Principito estaría esperándome en algún otro sitio, quieto, en su estantería, aguardando el momento oportuno para que encontrarlo fuera algo más que comprarlo. Así que seguí el día con el convencimiento de que, en alguna otra ocasión, llegaría una señal.

Ya anochecido me despedí de mis amigos y, de camino a casa, pasé por La Central de Callao. Entré solo para ojear y hojear, sin buscar nada, ni siquiera El Principito. Estaba claro que ahí lo encontraría, pero esperaba una señal que me dijera si debía comprarlo de nuevo, después de haber regalado mi ejemplar de muchos años, o esperar.

Tras pasar la sección de “Cómic”, me planté en la de “Novedades”. Ahí vi un título que me atrajo de forma fulminante: Quisiera tener la voz de Leonard Cohen para pedirte que te marcharas, de Óscar Sipán. No lo conocía, ni siquiera había oído hablar del autor.*

Lo cogí sin dudarlo. Le di la vuelta. Vi unas cuantas críticas… Pasé rápido sus hojas, tan rápido como cuando un mago mezla las cartas como si fueran un acordeón. De repente, se quedó enganchada una página. Era el primer capítulo, se titulaba “El talento de las moscas”. Nada más leer las dos primeras líneas, con él en la mano, salí corriendo hacia la sección de “Narrativa Infantil”. Por el camino tropecé, se me cayó el libro y fue a parar justo encima de Seda, mi Seda, de Alessandro Baricco. No lo podía creer… Sabía qué pintaba Seda y su vínculo con El Principito en mi historia. Así que, me acerqué a la primera dependienta que vi, y con un pellizco en el estómago, le dije:

-Por favor, ¿El Principito?

El libro de Sipán y El Principito ya están en casa. Seda, como siempre, continúa en mi mesilla de noche.

leonard

*Ahora, al investigar, sé que he leído algunos de los microcuentos de Óscar Sipán, pero en ese momento no lo sabía. Ha sido curioso descubrir que él es el chico de este tuit que marqué como favorito hace unos días. Grandioso.

tuit sipan

Etiquetado , , , , , , , , ,