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Réquiem por La Puerta 10

Mis vecinos se han separado. ¿Recordáis a los protagonistas de La Puerta 10? Ya no están juntos. Lo supe hace quince días cuando volví de pasar tres semanas en casa de mis padres. Ya no olía a porro en el rellano (en las últimas semanas alguno de ellos se había encomendado a la marihuana) y ahora la única puerta que no tenía felpudo era la suya. Me lo habían regalado.

Miré el felpudo a los pies de mi portal y miré el suelo desnudo a los pies del suyo intermitentemente. Por un momento pensé qué les habría llevado a dejarme ese regalo. ¿Querrían que me limpiara los pies antes de entrar en casa y dejar fuera los demonios que ellos no pudieron evitar que se colaran en la suya? Podría ser una buena metáfora. De ser así sería un regalo magnífico.

Cuando me fui a pasar esos días a casa de mis padres la vida al otro lado de la pared de mi dormitorio estaba en paliativos. Casi no oía sus conversaciones, tampoco sus discusiones. En cuanto a las reconciliaciones, hacía tiempo que ya no traspasaban el tabique. Intuyo que habían llegado a una tregua: nada de portazos, nada de insultos, nada de nada. Tan solo un: “Vas muy guapa” que robé a su intimidad, a través de la mirilla, un día mientras esperaban el ascensor.

Anoche, cuando fui a abrir el buzón, vi que en el de ellos ya no estaba su nombre. Estaba abierto. Levanté la tapa y ahí yacían todas las cartas, esas que todavía seguirán llegando hasta que formalicen su ruptura sentimental con la compañía telefónica, con el banco… Cuando dejé caer la tapa tuve una sensación similar a la que, supongo, debe tenerse al enterrar a alguien tras mucho sufrimiento, algo parecido a un: ya han descansado.

Espero que os vaya bien y seáis más felices separados que juntos.

PD. Mientras escribía este post anoche, al otro lado del tabique, en la puerta 12, estaban tocando una canción preciosa. Mi otro vecino cantaba de fondo.

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El despertador abandonado

Desde hace unos meses, en mi edificio vive un despertador abandonado. Suena cada día, entre las 7:00 y las 8:00 de la mañana. Hay días que pasan las 8:00 h y sigue sonando. Todavía no sé a qué hora empieza a sonar pero cada mañana, cuando bajo las escaleras, lo escucho: pipipí pipipí, pipipí… Al principio pensé que era en el tercero; luego en el segundo… Al final  descubrí que era en el primero, pero sus sonido llega hasta la azotea.

Desde que salí de mi ensimismamiento y me di cuenta que cada mañana me acompañaba el sonido de ese despertador, he construido bastantes teorías y lo he escuchado hasta tal punto que creo que conozco algunas cosas de él.

Por ejemplo, sé que es un despertador que no tiene 24 horas, sino doce, por eso también lo escucho cuando vuelvo del trabajo si llego entre las 7.00 o las 8.00 de la tarde. O incluso después.  Me lo imagino como el típico despertador de mesilla, gris y plano, con los números rojos. Así es el de mi padre, y suena igual. No es un despertador original, hace el pipipí, pipipí de toda la vida. Creo que está en una mesita, solo. Al lado de una cama deshecha y con una capa de polvo por encima.

dali

Creo que solo en una ocasión he visto salir a alguien de esa puerta, un señor mayor, lo que me hace preguntarme por qué ha abandonado el despertador. En seguida me vienen a la cabeza muchísimas posibilidades: que haya muerto y nadie lo sepa; que sus hijos se lo hayan llevado a una residencia o a vivir con ellos y se han olvidado de desenchufar el despertador (aunque no ha habido mudanza alguna); que el señor sea sordo y no lo oiga… A veces pienso que el despertador está perdido en algún cajón y el señor no es capaz de encontrarlo, y lo imagino dando vueltas por la casa intentando averiguar de dónde salen los pitidos.

Otra de mis teorías es que es un despertador fantasma porque he observado que ese piso nunca está registrado en el listado de los contadores del agua (ese listado en el que apuntas el consumo). Es más, no solamente no está registrado, sino que tampoco le dejan el aviso.  Y no solo eso, nunca dejan cartas en ese buzón, lo que significa que tampoco llegan cartas de Iberdrola. Por lo tanto… ¿dónde está enchufado el despertador? Porque lo que tengo claro es que es un despertador eléctrico.

Creo que la próxima vez que me cruce con un vecino por la escalera diré: “Hola, me llamo Fulanita, soy la vecina del piso tal. ¿Usted también escucha como yo, cada día, el despertador abandonado?” Porque claro, cabe la posibilidad de que sea fruto de mi imaginación y simplemente lo escuche porque quiera escucharlo y porque me guste hacer cábalas sobre qué habrá detrás de esa puerta cuando cada mañana bajo las escaleras, paso por delante de ella y pego la oreja para ver si dentro, en el 1ºD,  hay alguien despierto.

Nota: Hoy no lo he escuchado. Nadie lo ha cambiado de hora.

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