Archivos Mensuales: abril 2015

Visita a La Laforet, a Andrea y al carrer d´Aribau

5289_I_H_Laforet, Carmen.cult Faltan tan sólo unas horas para que vuelva a pasear por Barcelona. Siempre que voy  pienso inevitablemente en Andrea, la protagonista que tan magistralmente tejió Carmen Laforet cuando en este país tenías que volar a ras del suelo con la esperanza de encontrar cielos más estrellados, cuando tenía que hablarse en voz bajita para que no te oyeran, pero sí te escucharan quienes estaban deseando escuchar esas voces que hablaban de esperanza.

Suelo pasear por el carrer d´Aribau, habitualmente en la moto de Carol, pensando que, quizás, tras alguno de esos edificios todavía resuenen los ecos del frustrado tío Juan maltratando a Gloria, su mujer; o los de Román, enfermo manipulador, fumando asquerosamente mientras hace de la seducción una tabla de salvación. Intento poner cara a Pons, a Gerardo y a Jaime…; a Ena, a la abuelita y a la represión de tía Angustias (que hace que piense en otra Angustias, la hija mayor de Bernarda Alba. Ambas Angustias tan desgraciadas… la primera por desagradable y la segunda por desafortunada).

Carmen Laforet escribió Nada en 1944. Todavía resonaban en las horas de sueño de muchos lectores los bombardeos, tan sólo hacía ocho años que Lorca había comenzado a yacer perdido en un olivar. La miseria se iba extendiendo por la piel, la mente y el estómago de muchísimas familias, como la de Andrea. Personajes de personas andantes, con sentimientos completamente desmembrados e ilusiones erradicadas, cuya supervivencia se tambaleaba fuera de las páginas de los libros.

Cada vez que viajo a Barcelona visito, inevitablemente, a La Laforet, la autora de ese libro que comencé dos veces para dejarlo apartado hasta que un tercer intento me hizo comprender que hasta ese momento no había estado preparada para perderme entre sus páginas. A La Laforet… esa mujer de media melena y raya al lado, devota de Santa Teresa de Jesús, que fumaba pizpireta en esa famosa foto, sacando la lengua con la mirada.

Mañana viajo a Barcelona, pasaré allí el fin de semana. Como de costumbre, aprovecharé para recorrer el carrer d´Aribau y “visitar” a Carmen y Andrea, aunque esta vez lo haré paseando, porque Carol, en esta ocasión, no traerá la moto.

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¡Feliz Día del Libro!

Antes de utilizar el papiro como soporte para la escritura, en la antigüedad se escribía en hojas de palma o en la parte interior de la corteza de los árboles. En esas cortezas se encuentra la etimología de “libro”.

La palabra “libro” procede del latín liber que originariamente hacía referencia a descortezar los árboles, ya que ésta tiene su origen en la raíz indoeuropea leub (h), que significa “pelar” o “quitar la corteza de un árbol”. Sin embargo, en ninguno de estos dos antiguos soportes (la palma y los árboles) tiene su origen la palabra “papel”, parte fundamental de los libros.

La etimología de “papel” está en πάπυρος (papyros), que es como los antiguos griegos llamaban a una misteriosa planta que crecía en el país del Nilo y que los antiguos egipcios utilizaban para escribir. Esta planta, que parece ser crecía en grandes cantidades pero actualmente está extinta, producía unas láminas que servían como soporte para la escritura. Tal era, cuenta la historia, el valor que los egipcios daban a esta planta por sus láminas que jamás comercializaron con ellas, ni dieron ningún tipo de información con el fin de protegerla de los extranjeros.

Aquí os dejo una guía llena de planes para celebrar la Noche de los Libros y, con ella, la historia que arrastran desde sus orígenes. Una de esas actividades se llevará a cabo por parte del Museo Reina Sofía, que “liberará” 2.000 libros en su iniciativa de Bookcrossing, a la que yo también me uniré “liberando”, por primera vez, algunos de mis libros. Me cuesta reconocerlo, pero creo que me va a doler… 🙂

¡Feliz Día del Libro!

libros

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Sobre el rostro de los pigmeos y la vida

Hace un par de meses escribí un mail. Hoy lo he leído por casualidad y, aunque no tengo permiso previo de su destinatario, lo voy a compartir. Espero que sepa perdonar esta exhibición de nuestra intimidad.

medico

He visto publicado este artículo en Facebook. Lo tenía una amiga bajo el epígrafe: “Esta cosa que cuenta Manuel Ansede me reconcilia con el mundo”. Lo he abierto y me he puesto a leer. En seguida me ha venido a la cabeza la conversación que mantuvimos anoche sobre política y en la que trataba de explicarte que nuestra vida tiene que estar dirigida a dejar un mundo mejor, que nuestros esfuerzos deben estar encaminados a luchar por quienes vendrán después, incluso por aquellos que no conozcamos, estén o no unidos a nosotros por lazos de sangre. Ese compromiso “filantrópico” es lo que ha hecho que hoy estemos nosotros aquí, disfrutando de lo que disfrutamos. Es a lo que yo anoche llamaba “el sentido de la vida”.

Sé que mi discurso de anoche era utópico, pero siempre me he negado a claudicar ante las utopías. Creo que se debe a una cuestión de romanticismo (de Romanticismo del s.XVIII en algunas ocasiones) pero el romanticismo, uno u otro, siempre ha sido lo que ha movido el mundo.

Hoy, al leer este artículo, he pensado que las grandes utopías comienzan a alcanzarse enfrentándote a las pequeñas, a las que tenemos más cerca. Todos tenemos la capacidad de cambiar el mundo de alguna manera, hasta la persona a priori más insignificante y menos influyente, porque todos podemos acceder a lugares que para otros son ajenos e inaccesibles. Por eso no debemos volver la cabeza ante quienes no forman parte de nuestro universo. Es importante que caminemos con los ojos amplios y abiertos.

Esta es la historia de Oriol Mitjà, el protagonista de este artículo, un pediatra que está a punto de erradicar una enfermedad completamente desconocida para nosotros y que borra los rostros de los pigmeos: el Pian. Es la historia del compromiso desde su origen etimológico: “llevar a cabo una misión con el otro”.

No te voy a adelantar más porque quiero que lo leas. Sólo te pondré el inicio del artículo, en el que probablemente reconozcas lo que te preguntabas anoche acerca de la incoherencia de mi discurso sobre nuestra misión en la vida con mis no-convicciones religiosas:

“Hay un par de fotografías históricas que dejan claro que la humanidad, cuando quiere, puede superar en bondad y poder a cualquiera de los dioses adorados por las 4.000 religiones diferentes que existen en el mundo”.

Un beso.

A veces pienso que el ser humano ha anquilosado su capacidad de tanto andar a la sombra de los dioses.

Artículo: El joven médico que va a erradicar la segunda enfermedad humana. Fdo.: Manuel Asende. El País.

Nota: Mientras editaba este post he visto que la labor de Oriol Mitjà ha sido reconocida con el Premio Princesa de Girona de Investigación Científica.

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El pecado de juventud de Julio Llamazares

Hace una semana a estas horas, en la librería Alberti, terminaba la presentación de “El entierro de Genarín” (Alfaguara), “un pecado de juventud literario”, según confesó el autor, “un libro maldito, bastardo y marginal” que, pasados los años, ha sido reeditado con las ilustraciones de Antonio Santos y donde se recoge la historia y los romances dedicados a Genarín, “un mesías de altura” y símbolo de la Semana Santa leonesa.

El entierro de Genarín, Santo gracias al orujo y a la vida disipada, es “un evangelio escrito en torno a una solemne gilipollez”, según Julio Llamazares, el autor, sí. Él mismo reconoce que ahora no lo escribiría, lo que no quiere decir que reniegue de él, en absoluto. Confiesa que lo acepta y lo quiere tal y como se acepta y se quiere a un hijo pródigo. Escrito en su etapa de periodista, en medio de una crisis de fe y “mientras descubría la libertad” fue terminado en el mismo instante en el que Tejero entraba en el Congreso*. Quizás por ello haya terminado siendo, según el escritor, “como el Evangelio, pero sin obispos ni papas”.

Durante una hora, el pasado viernes asistimos a la puesta de largo de un libro marginal que nos recordó, en numerosos momentos, conforme avanzaban las reflexiones y recuerdos de Llamazares, a la picaresca y el esperpento que han rodeado la literatura española. Tanto es así que, mientras lo escuchaba, imaginaba a Valle Inclán desternillándose en algún lugar y muriéndose de envidia por no haber sido él quien “desde arriba”, como le gustaba mirar a sus personajes, literaturizara las industrias y “milagros” de este mesías leonés.

Hace una semana me vi sorprendida por Julio Llamazares como un escritor de grandes y variados registros, bendecido (porque creo que es una bendición) por la melancolía que acompaña la  mayor parte de sus obras, pero capaz de desatar carcajadas entre el público con una habilidad cómica muy fina, y un sarcasmo e ironía muy pulidos.

Aquí os dejo una foto que saqué sin darme cuenta mientras, atenta a cómo me firmaba “Versos y Ortigas”, esperaba con la cámara preparada para hacerme una foto con él. Pena que, a pesar de la breve conversación que mantuvimos sobre literatura mientras elaboraba su rúbrica, terminara diciéndole cuando iba a abrazarlo para tomar la foto: “Esto es para mí tan emocionante como para una adolescente estar con Justin Bieber”. En fin… siempre me pongo nerviosa y desafortunada ante los chicos que, de un modo u otro, me gustan.

* Tengo que confesar que me contuve, a pesar del ambiente cómico y distendido del acto, de emitir unos disparos “pum, pum, pum” mientras Llamazares relataba cómo vivió el cameo de Tejero, a través de la radio. Algo que habría sido muy propio de mí, por otro lado, pero que descabezó un pudor incipiente que tiene que deberse, entre otras cosas, a la edad y a querer mantener la compostura ante el que sigue siendo uno de mis autores favoritos.

2015-04-03 21.51.08

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