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Ellas no “mueren a manos de”

Esta mañana, no había puesto un pie en la calle, cuando he sabido que un hombre asesinó anoche a su esposa en Granada tras dispararle con una escopeta. Se me ha encogido el estómago. Pero ese encogimiento ha pasado a revoltijo cuando, una vez más, he visto esta eufemística estructura gramática-sintáctica-léxica que tanto asco me produce: “morir a manos de”.

Los periodistas nos deshacemos ante las piruetas semánticas, nos gusta regodearnos en las florituras gramaticales y muchas veces, en esa borrachera léxica, perdemos el sentido de la realidad y el resultado es que dejamos a la realidad sin sentido.

Aunque yo no lo he encontrado en el Diccionario Panhispánico de Dudas, parece ser que “morir a manos de” es “morir como consecuencia de la agresión de alguien”. Visto así, el empleo de esta expresión es adecuado. Sin embargo, si usamos esta expresión, podemos hablar de una mujer “muerta a manos de” su marido, pero este marido, el dueño de esas manos, se queda sin definir. Esto hace hace que el ejecutor de esa muerte quede exento de sustantivación y de responsabilidad en dicha acción. Esto es algo que no podemos permitir siendo dueños de una lengua tan rica, por lo que vamos a ofrecer una posible alternativa que solvente esta carencia.

Si esta mañana el periódico, en vez de utilizar “morir a manos de” hubiese utilizado el verbo “asesinar”, que según la RAE es “matar  a alguien con premeditación y alevosía”, estaría describiendo en una sola palabra lo que ha ocurrido. Esto le habría ayudado a identificar al sujeto como “el asesino” y no “el agresor”, porque “agresor”, según la RAE es “el que comete una agresión”, siendo “agresión” el “acto de acometer a alguien para matarlo, herirlo o hacerle daño”. La misma definición muestra que la muerte, herida o daño no se consuma, ya que “acometer” es, implícitamente, “intentar”. Sin embargo, en este caso, y en el de tantas mujeres, 41 hasta hoy en 2014, la consumación se ha producido.

Nos encontramos, por tanto, una vez más con que los medios de comunicación hablan de “morir a manos de” en vez de “asesinar”; con lo que el objeto que sufre la acción, que es la mujer, es referido como “muerta” y no como “asesinada”; y el sujeto que ejecuta la acción queda como un “agresor” en vez de como un “asesino”. A esto se le añade que el titular suele ser: “Una mujer muere a manos de su marido” pero nunca “Un hombre asesina a su esposa”, por lo que la implicación que tiene el hombre como ejecutor deriva a un segundo plano. Es decir, el sujeto de la acción queda en un mero complemento circunstancial de causa.

Quizás desde los medios determinen que no hay que sacrificar la estética y que conjugar sobre el papel el verbo “asesinar” queda feo, pero lo cierto es que la noticia es un asesinato, no una muerte. Entre otras cosas porque “morir”, según la RAE, es “llegar al término de la vida”, no “precipitar a alguien al término de la vida”.

Con este análisis, que no tiene ningún valor, lo que intentamos mostrar es que utilizar las palabras correctas ayuda a entender la realidad. Y, en este caso, no hay que edulcorarla, sino mostrarla tal y como es.

Por eso, aunque esta entrada no va a llegar a ningún sitio, quiero hacer una corrección sobre los titulares que he leído esta mañana y decir que hoy una mujer no ha muerto a manos de su marido en Granada, sino que “Un hombre ha asesinado a su esposa en Granada”. Porque en el uso de este verbo de cuatro sílabas está su responsabilidad y su culpa.

Llama al 016.

 

NOTA: Este post está orientado desde un punto de vista léxico y gramatical. En ningún momento nos referimos a las connotaciones y condicionantes legales y judiciales del verbo “asesinar”.

 

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