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Feliz cumpleaños, guardián de almas

Hoy es el cumpleaños de Mario, mi amigo Mario. Con Mario la palabra amigo adquiere una connotación etimológica. Etimológicamente, amigo procede del verbo latino amareque significa amar; incluso se vincula con la voz indoeuropea amma, que es como los niños llamaban a las madres. Incluso hay una versión poética que vincula amicus con animi (alma) y custos (custodia). Me parece tan maravilloso este último desarrollo que es sobre el que voy a elaborar esta entrada porque, si algo es Mario, es el custodio o guardián de mi alma. 

Hoy, como decía, cumple años mi amigo, y si ya un cumpleaños es motivo de celebración, en este caso estamos hablando de un gran motivo de celebración o de un motivo de gran celebración. Podría recordar mil vivencias que hemos compartido para homenajearle (porque a las personas como Mario se las homenajea), pero me voy a limitar a contar (sin su permiso, claro está) un par de cosas sobre él.

Mario es un amante profundo de Federico García Lorca, tan amante y tan profundo que todavía hoy, y tras muchos años, cuando veo en su casa esa foto de Lorca pienso que es él o algún antepasado suyo. Es una décima de segundo, pero siempre siempre siempre tengo esa misma sensación.

A Mario le encanta compartir sus buenos momentos (y los malos también), no por exhibición, sino por lo que implica la palabra compartir. Por eso, si sus momentos son buenos, nos da un pedazo de esa alegría para hacernos la vida más llevadera; y si no lo son tanto, nos da un pedacito de esa tristeza, y así son más llevaderos también.

A mi guardián del alma le sonríe la vida porque él le ha sonreído aunque, a veces, le haya jugado malas pasadas. Le ha sonreído con esos dos hoyuelos que se le forman en las mejillas cuando ésta ha sido amable con él; y ha terminado riéndole a carcajadas (primero con la boca cerrada, de carcajada contenida; y luego abiertamente, que es como se rie él) cuando ha decidido sorprenderle con algún requiebro.

Mi amigo Mario enseña a sus amigos a amar la vida, a vivir como si fuera el último día. Sé que muchas veces sus conversaciones o sus reflexiones son un monólogo interior que proyecta más allá de su garganta. Y es ahí, de la forma más altruista, cuando nos da los mejores consejos porque está abierto en canal.

Es verdad que nadie es imprescindible en la vida, pero mi vida habría estado inconscientemente coja si Mario no formara parte de ella; mis tristezas habrían sido más tristes si no me hubiese abierto su casa y su sofá cama; y los atolondramientos y mala baba que algunas veces se gasta esta vida habrían sido menos llevaderos si él no hubiese llamado para decir: “te invito al teatro”; o si yo no me hubiese cortado el pelo tantisísimo para decirle: aquí estoy para acompañarte (no sé si esto se lo he dicho alguna vez). Al final, estoy pensando, querer tener cerca a Mario es una cuestión de egoísmo y supervivencia.

Aquí os dejo su último libro, el libro con el que demuestra que estas cuatro letras que le he dedicado son un grano de arena en un desierto inmenso y lleno de virtudes. Un libro con el que dijo Hola cáncer hace un año y medio a un monstruo que apareció en su vida sin saber que estaba frente a un guerrero.

Nota: Mi amigo Mario es para los desconocidos Mario Suárez, un periodista magnífico y un escritor fabuloso. Devoto de nuevos artistas y, aunque él no lo sepa, etapa imprescindible en esta carrera por mostrar la calidad entre esos nuevos artistas e ilustradores que está hirviendo en este país.

Disculpad si me he excedido en cursilería, pero soy de naturaleza cursi y Mario es capaz de sacar lo peor de mí (casi siempre).

Y tú: espero que puedas perdonarme el atrevimiento.

 

9788416177967

 

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Feliz No 150 Aniversario, pequeña Alice

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En realidad, el Señor Carroll se llamaba Charles Lutwidge Dodgson y era un tipo algo extraño. Miembro de una familia inglesa (con trazas irlandesas) volcada en la Iglesia y el Ejército, se educó en un ambiente de corte intelectual profundo y de normas rígidas.

Su conocimiento y pasión por fotografiar niñas pasaron inadvertidos en su día, aunque no tanto años más tarde cuando, ya convertido en un genio literario, se barajó la posibilidad de que su inclinación se debiera a alguna desviación sexual (algo que varios académicos han negado ya que, al parecer, en la época victoriana retratar niñas semidesnudas era símbolo de inocencia).

Sea como fuere, el Sr. Dodgson no se hizo inmortal por su maña fotográfica, con la que consiguió entrar en la alta sociedad, sino con Alice’s Adventures Under Ground, un cuento escrito e ilustrado durante una noche de verano de 1862 y donde reproducía la historia que ese mismo día había improvisado ante la pequeña Alice Liddell en una excursión por el Támesis.

Tres años más tarde, en 1865, Dodgson llevó el manuscrito y “manuilustrado” a una editorial y terminó publicándose bajo el título Alice’s Adventures in Wonderland, llegando hasta nuestros días.

 

Exposición en el Museo ABC

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Este año se cumple el 150 aniversario de su primera edición. A lo largo de estos meses he podido ver decenas de artículos que intentan bucear más allá de la historia; que analizan matemáticamente los renglones; que se basan en teorías neurológicas que ayudan a comprender las paradojas semánticas del texto, e incluso que ven en ella una crítica política atroz. También he visto exposiciones y ediciones especiales. Es más, Alicia ha protagonizado alguno de mis grupos de whatsapp y, en muchas ocasiones, me he sentido tan desconcertada como ella tomando té con la liebre y el Sombrerero Loco.

En los últimos años he leído teorías semióticas muy profundas sobre cada uno de los personajes; e incluso en la Universidad he descifrado subcódigos, paradojas, juegos de paralenguajes o elevaciones de niveles comunicativos que no han hecho más que llevar al cenit esta obra que, no sé si sí o si no (si en la locura o cordura del autor), fue concebida como una auténtica maravilla literaria.

Todo esto es para deciros que mañana, 17 de diciembre, el Museo ABC (Madrid), inaugura la exposición “Feliz no cumpleaños. 150 años en el País de las Maravillas”. Una exposición de corte ilustrativo en la que veremos trabajos de artistas como los que ilustran este post y que pertenecen a Benjamin Lacombe, Rébecca Dautremer, Ana Juan o Emilio Urberuaga,  entre otros. En ellos se recrearán las escenas y personajes más emblemáticos, e incluso nos mostrará qué opina la Reina de Corazones de todo esto.

Espero que no os la perdáis, no todos los años pasan estas cosas. Como diría el conejo: “¡Llegáis tarde!”.

Feliz No 150 Aniversario, pequeña Alice.

 

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El desayuno de los sentidos si despiertas solo

Me gusta poner el café al fuego y prepararlo sabiendo que, en tan solo unos minutos, tendré la casa llena de ese olor que, inevitablemente, asocio a los sábados por la mañana, como a María Callas.

Mientras la cafetera, el café, el fuego y el agua se encargan de aromatizar la casa, pongo el pan a tostar. Bajo la palanca de la tostadora cerciorándome de que las rebanadas están bien colocadas y se van a quedar ahí quietecitas para hacerse crujientísimamente por fuera y blanditas por dentro. Mientras esto ocurre, revoloteo por la cocina cortando las naranjas o sacando el exprimidor, esperando el ¡chas! que convierte los panes en tostadas y que, de un saltito, éstas salgan por encima de la ranura para quedarse al calor.

Una vez oigo el ¡chas!, ya puedo poner en marcha el exprimidor para hacer un zumo con mucha pulpa, que es como debe ser el zumo. A veces lo hago de pomelo rojo y naranja; otras solo de naranja. Siempre con una naranja fría y el resto a temperatura ambiente. Mientras el exprimidor tunela el corazón de la naranja, aprieto los dedos contra él para que sus aristas me den un masaje en las manos, pasando como aspas suaves de un molinillo por las yemas.

Llegado este momento solo me queda darle un gusto a la vista y, mientras el zumo con pulpa reposa, preparo el tomate para pasarlo por el rallador. Lo abro con un corte limpio, pongo un cuenquito y, con una precisión que viene y va debido a mi impaciencia, cuelo la ralladura que sale por sus agujeros. Levanto el rallador ligeramente para verla salir. Rojo, escurridizo, con burbujas y semillas, el tomate rallado se va acumulando lentamente en el fondo del cuenco  en forma de montaña roja brillante, como una lava a medias de hacer.

Tras verter el café en la taza y perderlo de vista unas milésimas de segundo por acumulación de vapor, sacar las tostadas, ponerlas en un platito,  llenar un vaso de zumo con pulpa reposado, y tener el cuenco más lleno que vacío de tomate, lo sirvo reservando en la mesa un hueco al aceite de oliva y la sal y me dispongo a darle placer al gusto, el último sentido en disfrutarlo, el sentido que pone fin a este festín mañanero con el que amanecen los sentidos cuando te despiertas solo: el desayuno.

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Ilustración Sara Herranz. @sara_herranz

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Instrucciones para dar un abrazo

Notarás que quieres dar un abrazo cuando oigas que el corazón te hace pum pum, o notes un efecto Peta Zeta en el pecho; o simplemente brote de ti una onomatopeya en voz bajita.

Lo primero que tienes que hacer cuando eso ocurra es mirar a los ojos a la otra persona mientras te acercas. Probablemente notes que sus pupilas se dilatan y que la forma de sus ojos cambia conforme vaya ensanchándose su sonrisa.

En segundo lugar, cuando ya os hayáis entrelazado, cerciórate que su corazón está junto al tuyo y que las vibraciones de los latidos resuenan la una en la otra. Esto es muy importante porque, si prestas atención, podrás notar en tu pecho cómo el corazón del otro bombea sangre; cómo se alegra al verte; o cómo se calma cuando estás cerca…

Tercero: entretente acariciando a la otra persona. Pasa los dedos por su pelo, por su nuca… Puedes acariciarlo con los labios o con la punta de la nariz, mientras te llevas parte de su olor. También puedes variar la fuerza con la que lo abrazas o decirle algo bajito al oído.

Cuarto: Deja que vuestra respiración se convierta en una, que la vida entre al mismo tiempo en vuestros pulmones.

Quinto: No tengas prisa por terminar, no siempre se tiene un corazón bombeando tan cerca y no siempre sabes cuándo será la última vez.

Sexto: A estas alturas hará tiempo que has cerrado los ojos. Tienes que plantearte abrirlos y darle un beso.

Ilustración: Sara Herranz. @Sara_Herranz

Ilustración: @Sara_Herranz

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Autopsia de amor, con pluma y tintero

Calmando el pulso a susurros cogió la pluma. Se miró al espejo y, temblorosa, abrió con una sola mano su camisa, dejándola caer a lo largo de sus brazos hasta dar en el suelo. Hacía frío, sus pechos se endurecieron.

Sin destreza, pues nunca había sido buena pintando, mojó la pluma en el tintero y comenzó a trazar una línea desde el hueco de las clavículas hacia abajo. Reteniendo la respiración, con un trazo fino, se desvió ligeramente hacia la izquierda, descendiendo en la marca como un meandro que bordeaba su seno.

Cuando hubo terminado, ladeó la cabeza ligeramente hacia la derecha para contemplar su obra. Dejó que la pluma resbalara por el lavabo y, mientras esta hacía un breve viaje de un lado a otro, acercó sus dedos manchados de negro a su pecho, separó la piel que quedaba a ambos lados de la tinta y, abriendo con ellos una brecha, le dijo: “Háblame, que hace tiempo que no te siento”.

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“Shine through”, de BoaMistura. Serigrafía 4 tintas. Disponible en Gunter Gallery.

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