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Educación y respeto

Hoy no voy a hablar de Literatura, sino de aporofobia. Es probable que esta palabra resulte tan ajena como la Literatura para muchos, pero es una realidad (no novelada y de terror) con la que convivimos diariamente.

Tengo que reconocer que jamás había escuchado esta palabra hasta que mi amiga Maribel Ramos Vergeles (@maravergel, una mujer maravillosa) comenzó a trabajar en RAIS Fundación en un programa contra los delitos de odio a las personas sin hogar. A partir de entonces, el maltrato que sufren estas personas ha tenido un hueco en la mayor parte de nuestras conversaciones.

Hasta que Maribel comenzó a hablar de ello, nunca me había parado a pensar que no hay nada en este mundo más desprotegido que una persona que huye a ningún sitio, que raramente encuentra el resguardo de cuatro paredes. Esa sensación de llegar a casa a final de un día duro no la tienen; como tampoco la sensación de ser visibles a ojos de los demás, que pasamos a su lado con el mismo sentimiento como si pasásemos al lado de una señal de tráfico. Quizás menos, porque no nos dicen nada. Ni siquiera “peligro“, pueden prenderme fuego esta noche; o “cruce con cuidado“, puede pisarme.

Hoy he visto en el telediario cómo unos desalmados, unos monstruos (perdonad mi poca originalidad, pero no soy capaz de encontrar una palabra que describa a estos energúmenos, o cerdos, en definitiva, con perdón de la especie animal), orinaban encima de una persona sin hogar en Roma. Tengo que reconocer que, antes de ver las imágenes, con sólo escuchar la entradilla, he cogido el mando y he cambiado. Sin embargo, al segundo he vuelto al canal y las he visto.

Ahí estaban, cuatro varones orinando sobre una mujer envuelta en lanas oscuras que rogaba que la dejaran en paz. Los viandantes miraban, sin pararse. Finalmente, la señora se ha levantado y llena de orines ha huido a paso lento a ningún sitio. Por un momento he pensado qué habría hecho yo. ¿Me habría enfrentado a ellos? ¿Habría ayudado a la señora? Pues no sé. Quizás poco podamos hacer en ese momento frente a esos monstruos y, como siempre, la solución esté en la educación a la sociedad de la que todos formemos parte.

Educación y respeto.

 

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