Sobre el rostro de los pigmeos y la vida

Hace un par de meses escribí un mail. Hoy lo he leído por casualidad y, aunque no tengo permiso previo de su destinatario, lo voy a compartir. Espero que sepa perdonar esta exhibición de nuestra intimidad.

medico

He visto publicado este artículo en Facebook. Lo tenía una amiga bajo el epígrafe: “Esta cosa que cuenta Manuel Ansede me reconcilia con el mundo”. Lo he abierto y me he puesto a leer. En seguida me ha venido a la cabeza la conversación que mantuvimos anoche sobre política y en la que trataba de explicarte que nuestra vida tiene que estar dirigida a dejar un mundo mejor, que nuestros esfuerzos deben estar encaminados a luchar por quienes vendrán después, incluso por aquellos que no conozcamos, estén o no unidos a nosotros por lazos de sangre. Ese compromiso “filantrópico” es lo que ha hecho que hoy estemos nosotros aquí, disfrutando de lo que disfrutamos. Es a lo que yo anoche llamaba “el sentido de la vida”.

Sé que mi discurso de anoche era utópico, pero siempre me he negado a claudicar ante las utopías. Creo que se debe a una cuestión de romanticismo (de Romanticismo del s.XVIII en algunas ocasiones) pero el romanticismo, uno u otro, siempre ha sido lo que ha movido el mundo.

Hoy, al leer este artículo, he pensado que las grandes utopías comienzan a alcanzarse enfrentándote a las pequeñas, a las que tenemos más cerca. Todos tenemos la capacidad de cambiar el mundo de alguna manera, hasta la persona a priori más insignificante y menos influyente, porque todos podemos acceder a lugares que para otros son ajenos e inaccesibles. Por eso no debemos volver la cabeza ante quienes no forman parte de nuestro universo. Es importante que caminemos con los ojos amplios y abiertos.

Esta es la historia de Oriol Mitjà, el protagonista de este artículo, un pediatra que está a punto de erradicar una enfermedad completamente desconocida para nosotros y que borra los rostros de los pigmeos: el Pian. Es la historia del compromiso desde su origen etimológico: “llevar a cabo una misión con el otro”.

No te voy a adelantar más porque quiero que lo leas. Sólo te pondré el inicio del artículo, en el que probablemente reconozcas lo que te preguntabas anoche acerca de la incoherencia de mi discurso sobre nuestra misión en la vida con mis no-convicciones religiosas:

“Hay un par de fotografías históricas que dejan claro que la humanidad, cuando quiere, puede superar en bondad y poder a cualquiera de los dioses adorados por las 4.000 religiones diferentes que existen en el mundo”.

Un beso.

A veces pienso que el ser humano ha anquilosado su capacidad de tanto andar a la sombra de los dioses.

Artículo: El joven médico que va a erradicar la segunda enfermedad humana. Fdo.: Manuel Asende. El País.

Nota: Mientras editaba este post he visto que la labor de Oriol Mitjà ha sido reconocida con el Premio Princesa de Girona de Investigación Científica.

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