El pecado de juventud de Julio Llamazares

Hace una semana a estas horas, en la librería Alberti, terminaba la presentación de “El entierro de Genarín” (Alfaguara), “un pecado de juventud literario”, según confesó el autor, “un libro maldito, bastardo y marginal” que, pasados los años, ha sido reeditado con las ilustraciones de Antonio Santos y donde se recoge la historia y los romances dedicados a Genarín, “un mesías de altura” y símbolo de la Semana Santa leonesa.

El entierro de Genarín, Santo gracias al orujo y a la vida disipada, es “un evangelio escrito en torno a una solemne gilipollez”, según Julio Llamazares, el autor, sí. Él mismo reconoce que ahora no lo escribiría, lo que no quiere decir que reniegue de él, en absoluto. Confiesa que lo acepta y lo quiere tal y como se acepta y se quiere a un hijo pródigo. Escrito en su etapa de periodista, en medio de una crisis de fe y “mientras descubría la libertad” fue terminado en el mismo instante en el que Tejero entraba en el Congreso*. Quizás por ello haya terminado siendo, según el escritor, “como el Evangelio, pero sin obispos ni papas”.

Durante una hora, el pasado viernes asistimos a la puesta de largo de un libro marginal que nos recordó, en numerosos momentos, conforme avanzaban las reflexiones y recuerdos de Llamazares, a la picaresca y el esperpento que han rodeado la literatura española. Tanto es así que, mientras lo escuchaba, imaginaba a Valle Inclán desternillándose en algún lugar y muriéndose de envidia por no haber sido él quien “desde arriba”, como le gustaba mirar a sus personajes, literaturizara las industrias y “milagros” de este mesías leonés.

Hace una semana me vi sorprendida por Julio Llamazares como un escritor de grandes y variados registros, bendecido (porque creo que es una bendición) por la melancolía que acompaña la  mayor parte de sus obras, pero capaz de desatar carcajadas entre el público con una habilidad cómica muy fina, y un sarcasmo e ironía muy pulidos.

Aquí os dejo una foto que saqué sin darme cuenta mientras, atenta a cómo me firmaba “Versos y Ortigas”, esperaba con la cámara preparada para hacerme una foto con él. Pena que, a pesar de la breve conversación que mantuvimos sobre literatura mientras elaboraba su rúbrica, terminara diciéndole cuando iba a abrazarlo para tomar la foto: “Esto es para mí tan emocionante como para una adolescente estar con Justin Bieber”. En fin… siempre me pongo nerviosa y desafortunada ante los chicos que, de un modo u otro, me gustan.

* Tengo que confesar que me contuve, a pesar del ambiente cómico y distendido del acto, de emitir unos disparos “pum, pum, pum” mientras Llamazares relataba cómo vivió el cameo de Tejero, a través de la radio. Algo que habría sido muy propio de mí, por otro lado, pero que descabezó un pudor incipiente que tiene que deberse, entre otras cosas, a la edad y a querer mantener la compostura ante el que sigue siendo uno de mis autores favoritos.

2015-04-03 21.51.08

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