La vida sentimental de las palabras

Cuando abrimos la boca lo hacemos para soltar palabras. A veces entrecortadas, a veces dubitativas, a veces a borbotones. Las soltamos sin pensar, como si fueran seres inertes, como si no hubiesen tenido un nacimiento y una vida que las ha convertido en lo que son.

Ayer expresaba mi deseo de ser “ciudadana” y no “súbdita”, algo a lo que mi querido y virtual Eduardo Ruiz Ocaña (@eruizocana) respondió mostrándome la definición que de ambos términos da la RAE : “Pero semánticamente apenas hay diferencia, ¿no?”. Yo contesté: “Hay que ir más al fondo, a la etimología, donde habita la identidad” y donde se muestra que el término “súbdito” procede del latín subditus o lo que es lo mismo, “sometido, subyugado”.  Mientras que “ciudadano” procede del latín civis, y  los ciudadanos o cives se diferenciaban porque tenían derechos y obligaciones que no tenían otros habitantes de la ciudad. En ese momento, él, fascinante como siempre, hizo alusión a “la vida sentimental de las palabras”, una definición que me encantó, como tantas otras cosas que dice, y que me tomo la libertad de coger prestada para titular esta entrada.

Las palabras de Eduardo me hicieron pensar en una etimología preciosa, la de “texto”. Texto procede del latín texere, que significa “tejer”, “entrelazar”. El texto es, por lo tanto, el tejido con el que están hechas las historias. Un tejido que deja entrever la textura de la lengua. A veces, esos textos son tejidos sutiles y voluptuosos con los que tejemos lazos indestructibles como la amistad, por ejemplo; o el amor.

El texto se construye, además, con la paciencia de la lengua; la mano dura de la gramática; la precisión de la ortografía; la versatilidad de la tinta, que deja una muestra indeleble de lo que fue y sigue siendo; y las señales de la historia, que a veces lo doma a su antojo hasta convertirlo en algo desnaturalizado.

Prestar atención a la vida sentimental de las palabras es otorgar de calidad de vida a un tejido que es de todo menos inerte, y cuya contemplación, en muchas ocasiones, nos hace mejores. De ahí la importancia de cuidar las palabras y sus tejidos; sus significados y su vida sentimental. De ahí la importancia, sobre todo en estos días, del matiz que desencadenó este post.

“Un texto es un dios cruel y vengativo y castiga al que no sujeta su lengua y quiere probar del árbol de lo posible y de lo necesario”. Lector in Fabula, Umberto Eco, Semiólogo y novelista.

 

"Soplando palabras a través de la máscara". Por MicroMo

“Soplando palabras a través de la máscara”. Por MicroMo

Anuncios
Etiquetado , , , , , , , , , , , ,

3 pensamientos en “La vida sentimental de las palabras

  1. pequeboom dice:

    Este es un coco muy bien tirado 😉

  2. Pablo dice:

    Muy chulo el post Palmerita!

  3. enlapalmera dice:

    Muchas gracias, chicos! 🙂

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: