Prosopagnosia efímera frente al espejo

Las pupilas estaban fijas en el espejo, como dos puntos negros prendidos en un pensamiento caleidoscópico, ese del que, al prestarle atención, sale un ramillete de otros pensamientos diferentes. Giratorios. Viciados. Conocidos por llevarse por delante la razón. Las pupilas bailaban como una lamparita en aceite sobre sus iris claros, abriéndose y cerrándose en un movimiento inherente a su naturaleza; porque las pupilas, como los latidos del corazón, solo se quedan quietas por un motivo.

Con cada parpadeo dejaba de reconocerse un poco. ¿Era suya esa boca? ¿Era suya esa nariz? La mirada… ¿Los demás la reconocían en aquellas facciones? ¿Ese ser que tenía enfrente era ella?

Permaneció con la mirada fija hasta que la familiaridad de su tono de piel, la de sus lunares y la del color de su pelo desaparecieron, como si se hubiesen ido de paseo y hubiesen dejado solo un cuerpo extraño frente al espejo.

Buscó, entonces, su identidad más básica, la de su nombre, y allí estaba. ¡Por fin! Le era familiar. Lo repitió una y otra vez, prestando atención al sonido de cada sílaba, como Humbert Humbert cuando pensaba en Lo-li-ta. Representaba mentalmente su escritura. ¿Mi nombre responde a esas combinación de letras?

Durante un rato se dedicó a repetir su nombre en golpes silábicos. Su lengua se quedaba en reposo mientras salía un golpe de aliento seco con la primera sílaba; y así seguía con la segunda, cuando sus labios, completamente relajados, se sellaban en un roce casi imperceptible; pegándose y despegándose casi sin dejar hueco a que saliera la voz. Con la tercera sílaba, la lengua se alzaba detrás de los dientes, tocando ese lugar del paladar que solo había rozado ella, y así, con una manotada, como si la lengua enfadada quisiera perderla de vista para siempre, terminar su nombre, dejando los labios preparados para soplar suavemente un diente de león mientras pide un deseo.

Cuando hubo terminado, ella había desaparecido y ahí quedaba su cuerpo para ponerse en marcha, alejarse del espejo y emprender su búsqueda a gritos.

 

Ilustración de Sol Díaz. @soldibujos

Ilustración de Sol Díaz. @soldibujos

 

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