El niño tonto

Hoy, al llegar al Paseo del Prado, he levantado los ojos del libro. Al mirar por la ventanilla he visto a un chico. Tendría unos dieciséis o diecisiete años. Había salido a correr. Ejecutaba sus movimientos con lentitud, casi a cámara lenta. Al llegar a las marquesinas, paraba, miraba la pantalla del reloj y la temperatura, esperaba a que parpadeasen equis veces y retomaba su carrera. Nuestra velocidad era lenta, demasiado tráfico, así que podía seguirlo.

De repente, el niño que tenía enfrente ha levantado la vista del videojuego y ha reparado en él:

-¡Mira mamá, un tonto!

-Sí, pero calla – le ha dicho su madre, más preocupada por si lo habíamos oído que por lo que había dicho el niño.

Me ha sonreído apurada.

Este chico, unos segundos antes, se había parado, se había agachado con muchísima dificultad y había retirado una rama enorme que había en el Paseo para que nadie se tropezase. Después, había retomado su carrera.

Quizás los tontos seamos los demás. Quizás sea hora de empezar a redefinir ciertos conceptos y educarnos y educar en otros valores.

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Un pensamiento en “El niño tonto

  1. Yo mismo dice:

    Para que cambien los niños, tendrían que cambiar antes los padres.

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