Puedes acusarme de apropiación indebida

Me voy a apropiar indebidamente de tus hábitos que, sin conocerlos, es lo que echo de menos.

De hoy en adelante tomaré el café sentada, comiendo una tostada de unto desdibujado porque no sé lo que te gusta. Cogeré un libro con la mano derecha y masticaré el pan, crujiente, pensando en los dos últimos renglones, como supongo que haces tú cada mañana.

Trataré de quitarme con la punta de la lengua la miga de pan que se ha quedado prendida en la parte derecha de tu labio superior. La dejaré asomar por mi boca con movimientos lentos y suaves, como lo hacen quienes no salen de su ensimismamiento o como lo haría si tuviera que ser yo quien te la retirara de los labios. Permaneceré atenta a su humedad y a su temperatura, que es en lo que supongo que te fijarías tú si fuera mi lengua la que se llevara por delante esa miga en boca ajena mientras escuchas una respiración que, ya que está ahí, aprovecha para respirarte recién levantado.

ilustra

Ilustración: Sara Herranz

Y por las noches, con el sabor de la miga de pan sobre tu labio; con tu aroma respirado atascado en mi garganta; y con los detalles que te haya robado en el proceso, cogeré tus manos y haré con ellas y con tus hábitos lo que supongo tú harías.

Llegado el caso, si te sientes incómodo, puedes acusarme de apropiación indebida. 

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