Lo que escondía la niña de cada mañana

Estaba buscando una razón para reanudar el blog y aquí está.

Cuando cumples una rutina cada día empiezas a formar parte, sin saberlo, de la rutina de otros; igual que esos otros comienzan a formar parte, sin saberlo, de tu vida. Casi todas las mañanas, de camino al trabajo, me cruzo con una mujer y una niña con síndrome de Down. Me había dado cuenta que, últimamente, la niña no paraba de hablar hasta que me veía. En ese momento callaba y me observaba fijamente hasta que nos cruzábamos. Casi siempre a la misma altura. Siempre en la misma acera. Llevamos cruzándonos desde que comenzó el cole y desde hace un tiempo, yo siempre le sonreía. Ella no. Ella, la niña, abría la boquita, con los labios húmedos y pelados, y observaba.

Esta mañana, cuando me ha visto, le ha dicho algo a la mujer. Ésta ha sonreído y ha dicho en voz alta: “Bueno, ¿no se lo vas a decir a ella?”. Nos hemos parado y le he dicho:

-Pero ¡qué guapa estás hoy!

-…

-Venga, díselo… -dice la mujer. Dile lo que me dices siempre.

-Me gusta tu pintalabios rojo.

-Ahm… ¡Muchas gracias! A mí me gusta mucho tu mochila.

-Es de Peppa Pig… ¿Por qué hoy no los llevas pintados? ¿Se te ha perdido?

-No… hoy no me ha dado tiempo…

-¿Y mañana te va a dar?

-Sí, claro.

-¿Y después de mañana?

-También…

-Cuando sea mayor me los voy a pintar como tú. ¿Cuántos años tienes?

-32. ¿Y tú?

-Ocho. ¿Cuántos me faltan?

-Muy poquitos ya…

-¿Cómo te llamas?

-Camino. ¿Y tú?

-¡Hala, qué nombre tan raro! –dice entre flipada y tímida.

-Sí, un poco… ¿Tú cómo te llamas?

-…

-Venga, ¡díselo! –dice la mujer, que supongo que será su madre.

-¿No me lo dices?

-No…

-Bueno, hacemos un trato. Yo mañana traigo los labios rojos y tú me dices cómo te llamas.

-¡Vale!

Espero verla mañana. Éste es, sin duda, el regalo que octubre me tenía reservado este año.

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7 pensamientos en “Lo que escondía la niña de cada mañana

  1. lorentzero dice:

    Olé Camino, me encanta tu historia. Ha merecido la pena la espera.

  2. marta lianta dice:

    Gracias, Lorentzero, por mostrármela. Las historias sencillas cotidianas… Olé, Camino.

  3. Ismael dice:

    Se echaba de menos. Hay rutinas de otros que llegamos a hacer nuestras. La mía, la de ver el correo en el móvil por las mañanas en el ascensor, camino del trabajo, justo después de encenderlo, era leer de vez en cuanto acerca de un corazón en rehabilitación y, después, escuchar el silbido de algún coco en caída libre. Y las rutinas se hacen conscientes cuando algo las quebranta. A la niña su pintalabios y a mi, tus letras. Gracias por compartir tu regalo con nosotros.

  4. Ismael dice:

    Por fa: ¿puedes corregir “silvido”? Me pitan los oídos al leerlo! 🙂

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