Las bodas de mis amigas, mi próxima comedia romántica

Llega un momento en la vida de una mujer en el que en tu día a día te mete en situaciones que bien podrían formar parte del guión de una comedia romántica. La época “Eventos” es una de ellas. Un buen día se empiezan a acumular en tu correo invitaciones a bodas, fiestas de bienvenidas al mundo, despedidas de soltera… y te ves, como una mujer independiente y sola que eres, reservando aviones y trenes a tutiplén para estar al lado de tus amigos. También te ves haciendo cuentas (sin querer mirar lo que te queda en la cuenta corriente) para ver si reciclas traje o no; si estrenas zapatos, si haces un regalo u optas por pedir limosna.

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Es cierto que mientras estás en la vorágine de la preparación no repararas en nada más pero de repente, haces un alto y ahí te ves tú, hecha una Katherine Heigl en 27 vestidos, acumulando bodas, bautizos, comuniones, despedidas… y viendo cómo tus amigos dan pasos en sus vidas mientras tú sigues considerando un planazo salir una tarde con los patines y sientes por los chicos un odio parecido al de un adolescente de Hermano Mayor por sus padres.

Además, llega un momento en el que te das cuenta que irte con tus amigas unos días a la playa, como cuando estabas en la facultad, se ha convertido en una misión imposible porque, aunque ahora tengas dinero y puedas inflarte a mojitos que no sean de garrafón, vienen fagocitadas con el marido o los niños. Tu amigo y confidente de toda la vida te escribe para decirte que ha conocido a la mujer de sus sueños y que está deseando presentártela; tu amigo el gay, al que jamás creíste que colocarías, se ha echado pareja y pasa de ti. Incluso tus amigas bollo, las que siempre has tenido para una juerga, se quedan en casa porque están ahorrando para una inseminación.

Hoy, mientras me dirigía a la ducha bailando al son de “Luces de plástico me iluminan”, de Ciudad Neón, he tomado conciencia de que ya formo parte del club de “Protas de Comedia Romántica sin comedia” y que terminan sumergidas en un Romanticismo más propio de Werther que de otro estilo. Ese club que años más tarde termina disgregándose para dar paso a mujeres solteras y solas con un gato y que asustan al niño del tercero.

Así, es como tras añadir en mi Excel el Baby Shower de Daniela, me he encontrado con que este año tengo ocho eventos de primer nivel entre bodas, comuniones, nacimientos bautizos… Mi abuela, que es muy sabia y ve mi futuro, ya me advirtió el año pasado: “No vayas a ninguno, que tú no te vas a casar y no te van a devolver el regalo”, pero yo, que no le hago caso ya tengo preparado mi vestido color lavanda mientras voy perdiendo amigos en pro del amor y suena de fondo una canción propia de peli de Jennifer Aniston.

 

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