La amiga filósofa de mi abuela

la-anciana

Hoy ha venido a visitarme una amiga de mi abuela. La he visto aparecer con su garrota y una bolsa de carne colgada de la muñeca. Venía a verme, a ver qué tal estoy en Madrid, ha dicho. Debería ser al revés, tendría que haber ido yo a visitarla a ella, pero las visitas están en peligro de extinción. Ahora con un whatsapp solucionas la papeleta pero claro, te pierdes momentos.

Desde que ha entrado por la puerta me ha dado una lección filosofía y de postura ante la vida que no podría pagar ni con todo el oro del mundo. Estaba desayunando cuando ha venido.

-¿Qué desayunas, Caminito?

-Un café con leche.

-¡Chorras! Menuda panza vas a poner… ¿Sabes qué he desayunado yo? Un chorizo y una mondarina.

-¡Qué dices!

-Sí, hija mía. Y si no, no me puedo poner en pie… ¿Qué te crees? Si estoy ya viejisma.

En quince minutos que ha estado en casa, veinte a lo sumo, me ha relatado casi toda su vida. ¡Hasta de política hemos hablado! “La vida está muy mal, chica”, me decía. “A mí matar no me gusta, ni que maten. Ahora, que roben a los ricos para dar a los pobres, sí. Si por mí fuera, dejaba a tos estos señoritos sin un duro”.

Yo qué queréis que os diga, aplaudí por dentro. Quizás, si fuera más valiente de lo que soy, me cargaría a más de uno pero he nacido cobarde. Ahora, todo es ponerse. “Y no te fíes ni de unos ni de otros, que los políticos son como los tíos: cuando quieren trajín, bien que te hacen la planta, y en cuanto los eligen, te dan por culo. Y ¿qué haces? Si todos son igual… Es como dice el refrán: De molino cambiarás pero de ladrón no te librarás“.

Supongo que el símil sodomita hizo que pasara de la política al sexo. Hace tiempo que cumplió los 80, así que no utilizaba un lenguaje muy claro, pero no por eso era menos eficiente.

-Chica, yo ya tuve al pequeño vieja y porque mi marido se “descuidió”.  Pero yo no me enteré, qué quieres que te diga, porque nunca me he enterao. Ni siquiera en ese momento que dicen que es tan bien, tan bien… na. Un tontuno. Eso no es ná. Y porque a mí nunca me ha gustao “el oficio”, si no, habría tenido 17 porque estos hombres no tenían conocimiento ni contención ninguna.

¡Ahí me dejó patitiesa! Me hizo gracia porque escuchar hablar de sexo a una mujer de esa edad y en esos términos tiene su aquél, pero también es cierto que me dio lástima. Menos mal, pensé, que no nací en esa época, si no me habrían quemado por “oficiosa”.

Me dijo muchas más cosas de las que no me acuerdo. Me hubiera gustado grabarla mientras hablaba, pero no tenía el móvil a mano (ese caso entre un millón en el que no lo tengo a mi alcance). Se fue renqueando, con la garrota, la pelerina y su bolsa de carne colgada de la muñeca. Antes de bajar los escalones me dijo: “Te veo muy bien. ¡No engordes más! Tampoco adelgaces. Así estás bien. Porque las modelos éstas que dicen son piel y huesos y eso no le gusta a ningún hombre. Bueno, ni a ningún hombre ni a mí, ¡qué chorra!”.

La próxima vez que venga a casa, tengo que hacer una visita.

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Un pensamiento en “La amiga filósofa de mi abuela

  1. Pero bueno y esa amiga tan crack!? Yo quiero conocerla

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