La vida es una inocentada

El Día de los Santos Inocentes debe su nombre a un episodio evangélico que relata la matanza de todos los niños menores de dos años. La Iglesia Católica lo celebra el 28 de diciembre, aunque por fechas y acontecimientos debió ser, si es que fue, en enero. No obstante, parece ser que fue un capítulo más vinculado a Moisés* que a Jesucristo o Jesús o Jesús de Nazareth o Hijo o Espíritu Santo (perdonad, pero es tantos en uno que  no sé cómo llamarlo).

*Moisés, para quien no lo ubique, fue ese bebé sobrehumano que corrió río abajo en un canastillo hasta llegar sano y salvo a un remanso de agua en el que lo encontró una faraona que lo recogió para más tarde buscar a una nodriza que lo amamantara y que, curiosamente, resultó ser la madre del niño porque Dios así lo dispuso (sé que son muchas coincidencias pero ateniéndonos a la Teoría de los Multiversos de William James, es posible).

Natalie Portman. Closer.

Natalie Portman. Closer.

Sea como fuere, la historia ha evolucionado y vete tú a saber por qué el Día de los Santos Inocentes ha dado lugar a una tradición en la que nos dedicamos a gastar bromas pesadas. Supongo que tendrá su origen en la broma que gastó el tal Moisés (una vez había crecido) a la humanidad haciendo creer que dividió las aguas para salvar al pueblo judío (aunque teniendo en cuenta lo que ha terminado haciendo este pueblo con los palestinos, podría haberlos dejado en Egipto. Bueno, a algunos, a “los malos” pero no a todos porque no me imagino mi vida sin Barbra Streisand, Natalie Portman o Sex in the City tal y como la conocemos, porque fue Sarah Jessica Parker la que puso pasta para que se rodase en las calles de New York… O sin Susan Sontag, qué sería mi vida sin ella!).

Pero, como siempre, el tema del post, es otro, así que voy al grano. Aunque bien es cierto que no me gusta esta festividad, desde hace años la celebro leyendo unas páginas de una obra de Delibes que lleva por título Los Santos Inocentes. Una novela muy bien llevada al cine que se ajusta como un guante a mi teoría de que la vida es una inocentada, una broma pesada que, con un juego de luces y sombras, te pone a los pies del destino para un día decirte: “Ey, ¡que era broma! ¡Inocente!”. Ante esto tienes dos posibilidades: cabrearte o vivirla. Yo soy partidaria de vivirla y participar de la broma, aunque a veces te den ganas de tirar al destino, a la broma y a la vida por un puente.

Para quienes no hayáis leído la novela, aquí tenéis la peli online.


 

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4 pensamientos en “La vida es una inocentada

  1. Ismael dice:

    Milana bonita… Este verano estuve en Israel y nunca más. Me está bien empleado. Me quedo con Jordania y con sus gentes, cercanas y divertidas. Por llamarme Ismael tuve que dar explicaciones en el aeropuerto (al entrar y al salir) durante más de dos horas, a varios agentes y en sendas salas minúsculas, acerca de la genealogía de Abraham, Ismael, Isaac, Sara y Agar, y de sus proles respectivas hasta remontarnos a día de hoy. Tuve que explicar mi genealogía española de pura cepa hasta donde recuerdo (probablemente judía en el medievo, por mi apellido). Y lo mismo ante cada control (que son muchos). Se han pasado de Inocentes varios pueblos y han perdido el norte como país viviendo en paranoia que castiga cruelmente con la inocentada ortodoxa a inocentes (abrumadoramente mayoritarios) palestinos. El muro levantado ante Palestina es algo más que una inocentada: humillante. Así que me sentí como Zacarías, achuchado por el poder militar y religioso judío, humillado y segregado por la estupidez de un nombre (que encima tiene origen bíblico, es decir, hebreo!!). Hay inocentadas que matan, así que me subo a tu palmera, tomo un coco prestado… ¡y lo lanzo!

    Feliz año 2013!

  2. unclavoardiendo dice:

    Desde luego que muchas veces parece que vivimos en una eterna broma. Se hace difícil distinguir un telediario de El Club del Chiste. Para muestra un botón y es que ver a dos diputados del PP en la Asamblea de Madrid (podrían ser del PP como de cualquier otro) votando la privatización de los hospitales mientras juegan una partida del Apalabrados no tiene nombre. Pero lo peor de todo esto es que mañana lo olvidaremos porque vendrá otro que hará otra más gorda. En fin, que esta es la vida que nos ha tocado vivir, así que hay que disfrutarla al máximo, al margen de políticos, estafadores, vendehumos y demás. Feliz año a todos!

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