Ha volcao un camión de Kit Kat por el frontón

kitkat

Algo que muy poca gente sabe es que en España hay un lugar en el que existe una fuerza de atracción que hace que los camiones cargados con productos alimenticios vuelquen en la carretera, permitiendo a los vecinos del pueblo más cercano surtirse de víveres. Ese pueblo pertenece a Cuenca y es mi pueblo.

En los últimos 15 años, muchos han sido los camiones que han volcado en la A3. Volcó uno de jamones, otro de yogures y flanes Clesa; otro de aceite… La verdad es que, cuando pasa algo así, no sé cómo corre la noticia ni quién es el primero que da la voz de alarma. No sé si es la Guardia Civil, o algún jubilado que anda de paseo, quien lo ve y vuelve al pueblo rápidamente (pero no para contarlo, sino para coger todas las bolsas que tenga su mujer y ser el primero en llenar la saca. Incluida la Guardia Civil). O, si por el contrario, es la gente que está en el centro de salud, que se entera y corre la voz. Independientemente de eso, cada vez que vuelca un camión con comida, mi pueblo se paraliza.

La última vez que ocurrió fue hace tres años. Mi madre se enteró porque bajó a comprar fruta y el pueblo (de 1.200 habitantes) estaba desierto. Ni los jubilados que están al sol cada día con sus chaquetas verdes de punto, que parecen lagartos, daban señales de vida. Parecía que había caído una bomba nuclear y, en la calle, lo único que faltaba para que pareciera una peli del Oeste era un corremundos cruzando de acera en acera. Cuando llegó al puesto de la fruta, le dieron la noticia: “Ha volcao un camión de Kit Kat por el frontón”. Sin entretenerse en nada más, mi madre compró la fruta y fue corriendo a contárselo a mi vecina, que tampoco lo sabía. Juntas bajaron (digo bajaron porque el frontón está en la parte baja del pueblo, al lado del Santete, como se conoce a la ermita de San Cristóbal, y del polideportivo. Algo muy común en los pueblos de La Mancha) a ver qué había ocurrido.

Para quien no lo sepa, esto es un corremundos.

Para quien no lo sepa, esto es un corremundos.

La sorpresa de ambas fue mayúscula cuando, faltando todavía más de 1 km para llegar, ya veían a gente volviendo a casa con bolsas de Decathlon de las que asomaban cajas de Kit Kat. Cuando llegaron al lugar de los hechos se encontraron una montaña de Kit Kat y, a sus pies, medio pueblo chillando a voz en grito cada uno con su bucle:

-“Nene, ¡ten cuidao no los pises que los machacas!”, decían unos.

-“¡Arriba, arriba, que abajo están pisoteaos!”, decían otros

-“Eh, ¡qué hermosura! Aquí van tres kilos por lo menos”, se regodeaban otros.

-“Nene, ¡me cagüenelcopón, baja ya y deja pa´los demás!”, decían los de más allá

La montaña de Kit Kat-merecedores-de-ser-recogidos duró menos que un caramelo en la puerta de un colegio y, a partir de ahí, todo fueron restos de cajas de cartón y migas. Las consecuencias fueron devastadoras: el pueblo estuvo lleno de papelillos de Kit Kat tres o cuatro meses; y en el centro de salud notaron un incremento de las visitas por azúcar. Al chico que acababa de abrir una tienda de chucherías le hicieron la trece catorce, porque teniendo todo el mundo Kit Kat gratis, a ver quién se iba a gastar 5 céntimos en una dentadura. En fin, un drama.

Eso sí, mi madre y mi vecina, aunque no llegaron en el fulgor de la recogida, todavía se llevaron a casa una bolsa llena de Kit Kat. Tanto es así que yo llevé una cajita en plan regalo kitch al pueblo de mi ex, que para haber terminado como terminamos, mejor empleado habría estado si me lo hubiera comido yo a ratitos.

En fin, que os cuento esto porque esta mañana se ha dado una situación de locura transitoria y he visto a mis compañeros de curro pegándose por un décimo de lotería como los de mi pueblo por una caja de Kit Kat. Porque sí, se pegaron. Aunque se pegaron mucho más cuando volcó el camión de los flanes de Clesa, pero eso lo contaré otro día.

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Un pensamiento en “Ha volcao un camión de Kit Kat por el frontón

  1. Ismael dice:

    Y luego dicen que el marketing viral nace a partir de la expansión de las redes sociales… ¿Qué mejor red social que el vecindario del pueblo? La noticia de los kit kat de pública disposición voló a raíz de líderes de opinión como la frutera o el de las bombonas del gas. La misma condición humana, con distinto collar.

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